Diócesis de Matagalpa

Testimonio de Fe y Confianza en Dios en medio del COVID-19

Vivir con tres miembros de su familia contagiados, y sufrir en carne propia la COVID-19 sin tener dinero para comida o medicina, es la experiencia que vivió una señora de ciudadela Solingalpa, Matagalpa, quien pertenece a un grupo de la parroquia Santa Faustina, y que a través de Diócesis Media cuenta su testimonio de sufrimiento y de gloria en el Señor.

Aquí el relato textual:

Somos la familia Castellón Martínez, pertenecemos al movimiento Renovación Católica Carismática en la parroquia Santa Faustina Kowalska, Solingalpa. Nuestro matrimonio está compuesto por cuatro hijos, todos servimos en la parroquia, mi esposo y yo somos delegados de la palabra y coordinamos grupos de oración.

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Quiero compartir mi testimonio como Dios se ha manifestado con nosotros. En días pasados, mi mamá de 78 años de edad estaba padeciendo el COVID-19, por lo que me fui a acompañarla, ella estaba aislada en un cuarto sobrellevando la enfermedad; cuando regresé a mi casa encontré a mi esposo que es hipertenso y diabético con síntomas de la Coronavirus, tendido en la cama, muy mal de salud, situación que me angustió nuevamente.

Más tardes mi hijo llega del trabajo bien enfermo también, ante esto empecé a experimentar desesperación y miedo, comencé a pedir dirección a mi Dios, pasamos momentos tan difíciles, no teníamos dinero para comer puesto que a mi esposo e hijo no le habían pagado y teníamos deudas pendientes.

Recuerdo que la gente cercana por teléfono me decían: “Dele sopa de consumé de pollo”, yo sola llorando en el interior no podía porque no teníamos ni un centavo, mi esposo se empeoró al día siguiente, y yo amanecí con los síntomas, ya éramos tres en cama, todas las puertas se nos cerraron, nadie nos ayudaba, ni los vecinos, a mi hijos pequeños no le vendían en las pulpería del Barrio ya que temían que los contagiáramos, fuimos rechazados, así pasaron días tras días hasta que alguien tocó la puerta y nos llevó un poco de alimento para asistirnos.

Empezamos poco a poco a orar en familia en medio de la enfermedad, recibíamos las visitas de doctores y enfermeras. Mi esposo pasó 4 días grave, ya no podía respirar bien empeoraba en cada momento, pensé por un momento que perdería mi familia. Pero luchamos días tras días en oración, sólo esperando de la misericordia de Dios, se me unieron hermanos del movimiento y del grupo de oración que me dieron más seguridad y fortaleza en la confianza en Dios.

Hoy nos hemos levantado por la gracia de Dios y por su amor, por eso compartimos con ustedes nuestro testimonio. Él nos tiene en pie a mí y mi familia, hoy estamos seguros de su gran amor y que él no nos deja solos en medio de las dificultades, él está presente y mi madre la Virgen María nuestra abogada.

Rezamos la coronilla de la Divina misericordia, el Santo Rosario y oraciones personales que han sido herramientas que nos ayudan a lidiar en estas enfermedades.

Por eso mi mensaje a los que viven situaciones complejas, donde pareciera que todo está perdido, es que nunca se cansen, no pierdas la fe en Dios, él siempre nos da su misericordia y nunca nos abandona.

Información de: Diócesis Media, Renovación Carismática.