Diócesis de Matagalpa

Conmemoran día del Médico en Nicaragua con Misa en Catedral

Recordando a médico que han entregado su vida enfrentando la pandemia de la COVID-19, y agradeciendo a quienes continúan en la lucha contra el virus sirviendo a los contagiados, la Asociación Médica Nicaragüense sede Matagalpa, conmemoró el día del Médico en Nicaragua el lunes 26 de octubre. El principal evento de la agenda fue la Santa Misa que presidió Monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa en la Iglesia Catedral San Pedro.

Luego de la liturgia los médicos rindieron homenaje a sus colegas fallecidos encendiendo candelas y elevando una oración.

Trato atento de Jesús a los enfermos:

En su mensaje el Obispo de la Diócesis de Matagalpa inició citando algunos momentos en que Jesús se encuentra con enfermos y el trato delicado que les da, asimismo manifestó apreciarles cada vez más en este tiempo de pandemia, y encomendó su labor a la intercesión de la Virgen Santísima:

“Los Evangelios nos ha entregado numerosos ejemplos del trato delicado, atento, de servicio de Jesús con los enfermos: el ciego que pedía junto al camino, la hemorroisa, los diez leprosos, el hombre que tenía una mano paralizada; hoy hemos escuchado la proclamación del texto que hace referencia a la mujer encorvada.

En un gesto de liberación el Señor afirma “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. “Estaba encorvada y no podía mirar hacia arriba, porque oía en vano las palabras elevad a lo alto vuestros corazones” (San Agustín).

San Gregorio Magno, al reflexionar sobre este texto afirma: “Volved hacia vuestros corazones, hermanos muy queridos, y examinad continuamente los pensamientos a los que no dejáis de dar vueltas en vuestro espíritu. Uno piensa en honores, otro en dinero, otro en aumentar sus propiedades. Todas estas cosas son bajas, y cuando el espíritu se invierte, se desvía, perdiendo su rectitud. Y porque no se levanta a desear los bienes de alto, es como esta mujer curvada, que sencillamente no puede mirar hacia lo alto”.

Cristo es Quien sabe lo que hay en el hombre, conoce su dignidad, el valor que tiene a los ojos de Dios. El mismo Cristo es la confirmación definitiva de este valor, del valor de la dignidad humana. También sabe del “sufrimiento que sigue siendo un hecho fundamental de la vida. En cierto sentido, es tan profundo como el hombre mismo y afecta a su misma esencia” (cf. Salvifici doloris, 3).

El médico está llamado a mirar a lo alto, está llamado a contemplar el valor supremo de cada vida, de cada persona y su dignidad. Su juramento hipocrático, sus principios éticos reafirman la bondad que existe en el ser humano, que siguiendo los pasos de Cristo confirman con sus acciones que no existen vidas que no merezcan ser vividas; no hay sufrimientos, por más dolorosos que puedan ser, que justifiquen la eliminación de una existencia; no hay razón alguna, ni argumento ni justificación que hagan posible la aceptación de la creación de seres humanos destinados a ser utilizados y destruidos.

Conmemoran día del Médico en Nicaragua con Misa en Catedral

Admiración por los médicos:

Queridos médicos, los he apreciado aún más en esta pandemia, impulsados por la convicción de que es preciso promover y defender la vida, aun cuando ustedes mismos, también carentes de protección han luchado para salvar la vida, y tantos de ustedes también la han entregado; esto los define como hombres y mujeres que además de amar a su pueblo, han ofrecido su propia vida en la defensa de la dignidad inviolable de toda persona. Al mismo tiempo, he reflexionado en ustedes, en los peores días, en las noches de desvelos, en los días en que no hubo tiempo para comer, en el cansancio extenuante, ¿quién fue el samaritano para ustedes?

Queridos médicos, ustedes han salvaguardado la vida, han promocionado la salud, se han empeñado por curar y aliviar los sufrimientos y cuántos de ustedes además de cuidar el cuerpo tampoco han olvidado la dimensión espiritual y han dado consuelo al enfermo.

Ustedes han reconocido en todo enfermo al mismo Cristo y a la aportación insustituible de su profesionalidad han añadido el “corazón”, el único capaz de humanizar las instituciones. Ustedes en los peores momentos también han vivificado el servicio con la oración constante a Dios, “que ama la vida”, recordando siempre que la curación, en última instancia, viene del Altísimo” (cf. Papa Benedicto XVI, 09.11.2004).

Tampoco puedo olvidar en este momento a los innumerables hombres y mujeres que, trabajan en el campo de la salud, investigadores, enfermeras, farmacéuticos, laboratoristas, personal paramédico y voluntarios. Tantos dando el corazón.

La Iglesia les expresa su gratitud y su cariño por el servicio a los que atienden generosamente a los enfermos, a los que sufren y a los moribundos, sacando fuerza e inspiración de la fe en el Señor Jesús y de la imagen evangélica del buen samaritano.

Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar también en todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, especialmente en los médicos, en los agentes sanitarios y en quienes prestan la asistencia religiosa en los hospitales. Son “reservas de amor”, que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. Este valioso servicio, hace falta ante todo competencia profesional, que es una primera necesidad fundamental, pero esta por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una “formación del corazón”: se les ha de guiar hacia el encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro (cf. Papa Benedicto XVI, 01.07. 2012).

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Ustedes, profesionales de la medicina, han sabido mirar para arriba, ustedes han elevado sus corazones, buscando los bienes del cielo, curando, consolando, mirando la miseria y el dolor humano. Dios sabrá recompensárselos.

Querido médico, los encomiendo con afecto y agradecimiento a la Virgen Santísima, que Ella les proteja en el ejercicio diario de su profesión”.

Redacción: Manuel Antonio Obando Cortedano.
Diócesis Media.